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Material destacado

La Verdad de Guadalupe El Mensaje de susojos
El Encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego DVD Jesucristo Centro del Acontecimiento Guadalupnao

Sr. Canónigo Dr. Eduardo Chávez

Por algunos escritos de muy mala factura, desgraciadamente, se ha introducido la idea de que el ángel que está a los pies de la Virgen de Guadalupe es un añadido, es decir, que alguien pintó después este ángel; esto totalmente es falso, el ángel es original y siempre ha formado parte de la Imagen completa de Guadalupane e, incluso, tiene un significado muy importante en la interpretación total de esta sagrada Imagen.

 

Como decimos, formando parte integrante de la Imagen, a los pies de la Virgen, se encuentra un ángel un tanto extraño ya que tiene cara de niño y una cierta calvicie por sus pronunciadas “entradas”, que indican vejez; además, sus alas no son de paloma sino de águila que tienen tres colores: azul intenso; blanco amarillento o color marfil y, finalmente, rojo. El color azul de las alas en muchas ocasiones se confunde con el verde y esto no es extraño pues a la distancia y según el ángulo y la luz se torna un tanto verdoso, pero viéndolo de cerca, como he tenido la oportunidad de hacerlo, es azul.

Si bien, para los españoles es un ángel extraño por sus colores y la forma de sus alas, en la mentalidad indígena es perfectamente coherente y armonioso con todo. Recordemos que el águila era el ave que más alto volaba y simbolizaba al sol mismo, ya que era el ser viviente que más se le acercaba y llevaba la esencia del alimento a los dioses para sustentarlos; es decir, el águila transportaba entre sus garras los corazones y la sangre de las víctimas que habían sido sacrificadas para el sustento de los dioses, llevaba la cosecha de la vida, la cosecha de los corazones y de la sangre consagrada para alimentar a la divinidad. Además, el águila era un ser muy importante para México, ya que por un águila los mexicas o aztecas supieron el lugar preciso para la edificación del su primer templo, como lo profetizaban sus mitos, y con este templo iniciaron la fundación de su imperio.

Hay que recordar también dos elementos sumamente importantes para poder captar la verdadera interpretación de este mensajero alado. Lo primero es que para los indígenas el anciano dentro de la comunidad era la persona más importante pues el anciano es quien sustentaba la autoridad, la sabiduría, la tradición, la identidad, la cultura; en una palabra, representaba la raíz que para los indígenas quería decir: la verdad. Lo segundo, es que los indígenas habían concebido la plenitud del universo en cuatro rumbos que lo abarcaban todo, y cada uno de estos rumbos era representado precisamente por los colores de las alas del ángel, aunado al color oscuro de la luna.

Así pues, en síntesis, el ángel que está a los pies de la Virgen de Guadalupe es un ángel con alas de águila con colores de la verdad del universo, mensajero, niño-anciano a la vez, lleno de fuerza y, al mismo tiempo, de sabiduría; y este mensajero nos muestra el verdadero alimento que es el mensaje de Amor que representa toda la figura de Santa María de Guadalupe, quien nos trae en su inmaculado vientre a Jesús, el amor pleno y total, y lo viene a entregar a todos los seres humanos en un templo, casita sagrada, manifestación de una nueva civilización del Amor. Es un ángel en la raíz de la Imagen de Guadalupe, que con la mano derecha toma el manto azul con estrellas que representa el universo y con la izquierda toma el vestido color rosa-salmonado con flores que representa la tierra, y de esa manera une cielo y tierra; además, con los colores de sus alas que junto con el color de la luna negra están conjuntando los cuatro rumbos del universo, raíz del Universo, que además significaba la casa del Dios Omnipotente.

Esto nos confirma nuevamente la coherencia absoluta de todo el mensaje; ya que es en el templo, en la “casita sagrada”, en la iglesia, donde se celebra el sacramento central del amor: la Eucaristía; por lo tanto, está manifestando una enorme y crucial verdad. Es como si María dijera: no son ustedes los que pretenden alimentar a los dioses con la sangre y los corazones de las víctimas en la piedra de los sacrificios; sino que es mi Hijo, Jesucristo, el verdaderísimo Dios por quien se vive, el Dueño del cielo y de la tierra, el Dios de la cercanía y de la inmediación, quien se ofrece a ustedes como alimento. Como Jesús mismo lo expresa: “En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre, y no beben su sangre, no viven de verdad. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive de vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es comida verdadera y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que vive, me envió, y yo vivo por él, así, quien me come a mí tendrá de mí la vida. Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron vuestros antepasados, los cuales murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.” (Jn 6, 52-58).

El Dios Omnipotente es quien se entrega por amor en el sacrifico de la cruz. Santa María de Guadalupe es quien porta en su vientre inmaculado a su Hijo amado, Jesucristo, que se entrega totalmente en un encuentro lleno de amor. El Papa Benedicto XVI manifestó la fuerza profundamente amorosa de este acto de entrega total de parte de Dios: “El hombre vive de la verdad y de ser amado –dijo el Santo Padre–, de ser amado por la Verdad. Necesita a Dios, al Dios que se le acerca y que le muestra el sentido de su vida, indicándole así el camino de la vida. Ciertamente, el hombre necesita pan, necesita el alimento del cuerpo, pero en lo más profundo necesita sobre todo la Palabra, el Amor, a Dios mismo. 

 


[1] Benedicto XVIJesús de Nazaret, p. 327.